«Mi hijo tartamudea de repente» es una de las consultas frecuentes que recibo. La respuesta de los terapeutas durante mucho tiempo fue que era preferible no hablar sobre la tartamudez. De este modo, decían, solo conseguirían que la patología empeore: los niños al notar la preocupación de los padres se harían conscientes. Y a mayor conciencia, mayor bloqueo y repetición de las palabras. Por lo tanto, lo mejor era no intervenir en niños de 2 años que tartamudean de repente. Pero hablar sobre tartamudez no produce más tartamudez.